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| Entrevista publicada en el número 39 de la edición impresa de Producción Audio (noviembre de 2006). |
| Moby, monje de la electrónica |
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| Richard Melville Hall (1965) vuelve al primer plano de la actualidad. En realidad, lleva ahí desde que en 1999 publicara su disco de mayor éxito hasta la fecha,“Play”, pues su música sigue acompañándonos día tras día en los anuncios televisivos y en producciones cinematográficas de altura. Después de 15 años de carrera, Moby (se hace llamar así en homenaje a su antepasado Herman Melville, autor de la célebre novela “Moby Dick”) recopila sus grandes éxitos en “Go-the very best of Moby”, que además cuenta con dos temas nuevos, “New York, New York” y “Escapar”, un curioso remake en español de “Slipping Away”. Este polifacético músico, productor, ensayista y DJ nos recibió en su domicilio-estudio, situado en el barrio neoyorquino del Soho, para desvelarnos su modus operandi en el estudio. |
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| 06.07.2007 |
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Haces música muy emocional, música que puede contener emociones opuestas. ¿Cómo te sientes en el estudio cuando todas estas emociones viven juntas?
Es interesante, pues normalmente suelo trabajar solo. A veces trabajo en una canción muy triste y quedo prendido de esa emoción, mientras que otras veces no me afecta nada. Como soy el compositor, el músico, el ingeniero y productor, si estoy trabajando en el patrón de batería de una canción no me preocupan las emociones del resto del tema. Mi pequeño estudio ha visto un montón de emociones a lo largo de los años.
Tener el estudio en casa, ¿no te genera la percepción de no poder escapar nunca del trabajo?
Cuando compré este apartamento no había claraboyas ni paredes ni cañerías. No había nada. Así que tuvimos que construirlo todo. Y una de las razones por las que puse una puerta en el estudio es porque así si quería decirle adiós al trabajo sólo tenía que cerrarla. Tuve un loft unas plantas más abajo en este mismo edificio. Era todo diáfano, así que tenía mi cama y el estudio al lado. Pero cada mañana al despertarme el estudio se quedaba con la mirada fijada en mí, y eso me enloquecía un poco. Imagina que eres un escritor y que te levantas y delante de ti tienes el ordenador o la máquina de escribir delante de tus narices. En esos momentos quieres cerrar la puerta; por eso la puse. Y eso a la vez hace que esté más concentrado ya que cuando estoy en el estudio no me distraen cosas de mi vida, y viceversa.
¿Hasta qué punto es diferente un estudio cuando se es también el productor?
En mi estudio, yo lo hago todo. No está compartimentado, así que cuando toco música también soy el productor, y cuando estoy produciendo soy a la vez el ingeniero y el compositor. Es decir, que hago todas estas funciones simultáneamente.
¿Siempre ha sido así en tu carrera?
Sí, bueno en mi anterior disco, “Hotel”, en algunos momentos trabajé con un ingeniero y fue interesante porque fui capaz de delegar en él. Si no, hacerlo todo a la vez puede ser una auténtica locura.
¿En qué estudio te hubiera gustado poder grabar?
No lo sé porque al trabajar en mi casa no conozco demasiados estudios. Estoy convencido de que hay un muy buen estudio en Nueva Zelanda, y creo que Eddie Vedder vive muy cerca de allí y se puede surfear muy bien. Siempre he soñado poder grabar en un sitio maravilloso, donde se puedan hacer muchas cosas cuando no estás grabando.
¿Consideras los conciertos lo opuesto a la vida en el estudio?
Sí, completamente. Mi estudio es como un monasterio. Es decir, los viejos monasterios tenían celdas pequeñas donde se podía trabajar silenciosamente, más o menos como en mi estudio. Allí puedo trabajar solo, tranquilamente, y no importa si son las 3 de la mañana. En cambio, de repente te encuentras tocando la misma pieza de música ante 50.000 personas. Es un gran contraste hacer algo solo en tu propio estudio que compartir escenario con ocho músicos ante miles de personas.
Algunas veces, cuando estoy ante tanto público me pregunto cómo se creó esa canción en concreto y cuán extraño es tener esos dos mundos diametralmente opuestos.
¿Es necesario que un artista se encuentre escénicamente con su público?
Bueno, así es más entretenido para las dos partes. Tú has ido a muchos conciertos y si vas a un concierto en que el artista no te ofrece nada quieres irte a casa. Pero si por el contrario vas a un concierto en que el artista está comprometido con el público y se deja el alma y el corazón puede ser una experiencia fascinante. Y lo mismo ocurre para los artistas. Si voy a dar un show y me quedo allí sin hacer nada me aburriré, igual que el público. Pero si actúo y hago lo imposible para la reconciliación y para comunicarme todo el mundo sale beneficiado.
¿Qué te parecería la posibilidad de que la gente pudiera tener acceso a tu trabajo en el estudio, como si de un Gran Hermano se tratara?
Se aburrirían mucho. Hay un programa en VH1, creo que se llama Behind the music, en el que a veces hablan sobre cómo grandes bandas como Led Zeppelin o Fleetwood Mac grabaron discos brillantes. Y es interesante porque pasan auténticas locuras, suceden peleas, se drogan, aparecen prostitutas. Pero en mi caso, yo me siento en una silla y toco la guitarra, o los teclados o me pongo a trabajar con el ordenador. Verme componer no es nada entretenido. Una ex novia quiso ver cómo componía y al cabo de 10 minutos se marchó del estudio porque ya estaba aburrida. Trabajo la música por capas, es decir, puedo empezar por la batería y luego introduzco los teclados, la guitarra y quizá la voz es lo último. Es un proceso muy repetitivo. ¿Has visto la película de Bob Fosse “All that jazz” (1979)? En ella miran una vez tras otra un clip, y la gente que está junto a ese hombre acaba por desesperarse. Eso es algo perecido a lo que sucede conmigo. Cuando escucho una pieza de música reiteradamente a mí me sugiere cosas cada vez, pero a nadie más.
Sigue en página 2.
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Richard Melville Hall (Moby) fotografiado por (©) Esteve Ripioll |
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